El embrujo de la radio

por Pamela Trejo

Mis primeras memorias de la radio fueron desde muy pequeña, quizá desde los seis años, cuando mi madre, Elvira, todos los días escuchaba algún programa que: informara, la hiciera reír o por lo menos que la acompañara en el auto.

 

Cada mañana, durante la década de los 90’s, mientras mi madre conducía con su fleco de 7cm.  y vestimenta colorida, optaba por encender la radio del auto mientras recorríamos el periférico rumbo al colegio.

 

Entre todas las opciones matutinas,  elegía el programa de Gutiérrez Vivó de Radio Red, mientras que a ella la mantenía actualizada, a mí me mantenía en una constante pesadilla.

 

Este tormentoso camino comenzaba al encender el auto, incluso desde antes, ya que la rutina es predecible. El programa nos mantenía distantes, ya que en lugar de conversar, cada una vivía una historia distinta: ella reía, yo aguardaba en el mareo.

 

Desde pequeña, no podía comprender qué es lo que le habían hecho a mi madre para acercarse a ese aparto. Yo, únicamente podía desconfiar del hechicero y su embrujo que injustamente habían elegido a una persona tan bella como mi madre para ser testigo del goce de un aparato tan desagradable.  

 

Años adelante, yo también caería en la incomprensible seducción. A diferencia de ella, yo me desbordé en un amor casi ciego. No solo soy víctima del hechizo sino otra bruja que le gusta escuchar y hacer radio.

 

 

Todavía no hay comentarios

Replica