A 40 años y siguen las marchas

1968. Uno de los años que más ha perdurado en la memoria colectiva no sólo de nuestro país, sino también de la comunidad internacional. El año fue inaugurado con la Primavera de Praga, eventualidad en la que las fuerzas soviéticas invadieron la capital checa. La Guerra de Vietnam aumentaba las tragedias conforme los meses pasaban, las inconformidades y protestas del pueblo norteamericano con ellas. Uno de los más grandes líderes de la comunidad afroamericana y Premio Nobel de la Paz es asesinado: Martin Luther King. En plena época de liberación, el Papa Pablo VI condena el uso de los anticonceptivos en el Humanae Vitae. París, la capital intelectual francesa fue sede de los movimientos estudiantiles que inspirarían a otros y que consagrarían a la juventud como factor de cambio social.
2 de octubre de 1968. En plena víspera de los Juegos Olímpicos, alrededor de 50 mil estudiantes se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco como manifiesto de un activismo político que se venía fraguando en las universidades públicas del país y que buscaba las libertades democráticas. El gobierno de México, liderado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, encabezó una matanza en su contra. Matanza que fue disfrazada y maquillada por ambos bandos. Por un lado, dentro de los estudiantes que buscaban la democracia, se habían filtrado radicales extremos que buscaban manchar el movimiento con tintes comunistas. Por el otro, la represión a los medios de comunicación hizo que las cifras y los datos fueran manipulables: el gobierno tan sólo confirmó alrededor de 30 muertes, cuando los ojos de quienes estuvieron ahí presenciaron más de 400 cuerpos tendidos sobre la explanada.
2008. A cuarenta años de aquellos hechos, Kosovo logra su independencia con ayuda de Occidente, después de diversos conflictos entre Serbia y Montenegro. Después de 49 años en el poder, Fidel Castro renuncia a su cargo por motivos de salud, no obstante su hermano Raúl es designado su sucesor. Rusia y España realizan nuevas elecciones presidenciales, resultando vencedores Medvedev y Zapatero (por segunda ocasión consecutiva) correspondientemente. Se inauguran los Juegos Olímpicos de Beijing, en China, brindándole a dicho país el primer lugar en medallero, desplazando a los Estados Unidos. Al mismo tiempo, conflictos entre Georgia y Rusia desatan una batalla por la región del Cáucaso. En México, el secuestro y asesinato del joven Fernando Martí desencadena un sinnúmero de reclamos de parte de la sociedad civil y los medios de comunicación al gobierno de nuestro país.
30 de agosto de 2008. Bajo el lema “México quiere paz”, alrededor de medio millón de personas marcharon desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo como reclamo a las autoridades de nuestro país por un México más seguro y sin violencia. Dicho movimiento fue planificado por la Organización Iluminemos México, con el apoyo de cada uno de los ciudadanos que decidió exigir un mejor lugar para vivir. La marcha se realizó sin violencia alguna. El gobierno de nuestro país se mantuvo al margen de dicho acto civil y no se reportó ningún disturbio al día siguiente. Los medios de comunicación tuvieron acceso a dicha marcha y brindó la información necesaria, aunque se adjudicaron protagonismo.
A primera instancia podría parecer que lo anterior es sólo un recuento de los daños de hace 40 años y ahora. Sin embargo, si echamos un vistazo de cerca nos podemos percatar de que el mundo en esencia sigue igual. Seguimos rodeados de muertes y guerras en el mundo, de Juegos Olímpicos turbios, de soberbia y de poder. Pero principalmente, el sentimiento de impunidad de los mexicanos sigue presente. ¡México, no se olvida! Y se tiene tan claro en la mente que a 40 años de aquel acontecimiento seguimos marchando y protestando. La inseguridad y la impunidad de todos los casos que se han quedado sin resolver (el 68 no es la excepción) han logrado convocar a la ciudadanía, tal como se logró reunir a los estudiantes en aquella época, para reclamar al gobierno un lugar digno en donde vivir.
El sentir de la gente de luchar por un México más libre, seguro y democrático sigue presente. Tanto en el ’68 como en el presente año, se ha logrado la comunión de pensamientos entre los ciudadanos de nuestro país. No obstante, a diferencia de hace cuatro décadas cuando eran los estudiantes quienes se atrevían a levantar la voz, las protestas actuales han logrado traspasar edades y clases sociales. De la misma forma, el gobierno de México se ha quedado al margen de ellas debido al gran peso y estigma que viene cargando gracias a los actos violentos en contra de los estudiantes del ’68. Los medios de comunicación también han desarrollado un papel distinto que el de aquel entonces. Ahora la información fluye libremente, sin censuras ni manipulaciones y sirven como herramienta de denuncia en contra de la impunidad (o por lo menos es su intención).
Y estas protestas, marchas y reclamos se han expandido alrededor del mundo, tal como en 1968. En dicha época, el activismo político por parte de los jóvenes creció exponencialmente debido a las inconformidades con la Guerra de Vietnam y principalmente con los acontecimientos en mayo de aquel año en París. Hasta hace algunos meses en nuestras pantallas pudimos presenciar la unión de la comunidad internacional demandando la liberación del Tíbet y condenando las agresiones contra los budistas a través del intento de impedir que la llama de los Juegos Olímpicos realizara su recorrido. Si bien los hechos en ambos años son evidentemente distintos, lo que se puede rescatar es precisamente la toma de conciencia y unión de los ciudadanos, ya no sólo de México, si no de la comunidad internacional por la búsqueda de un mundo en paz y sin represiones.
1968 y 2008. Dos años en los que tanto la sociedad de nuestro país, como las sociedades internacionales, han logrado apartar las diferencias para poder lograr la unión de diferentes puntos de vista y hacer surgir movimientos de protesta para así exigir a los líderes políticos del mundo, el cumplimiento de sus funciones y la garantía de un mejor lugar donde vivir.
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