El antes y el después de la violencia en México

 

Nuestro país ha vivido una serie de sucesos que han marcado su historia y el desarrollo de este mismo, sin embargo, uno de los episodios mas sangrientos que ha vivido el país, y que  sin duda fue un parte aguas  fue lo ocurrido el 2 de Octubre de 1968 en medio de un contexto de diversas represiones políticas que caracterizaron al gobierno del presidente en turno Díaz Ordaz.

Pocos sucesos en la historia del país, han generado tanta polémica como los ocurridos el 2 de octubre de 1968 en la “Plaza de las tres culturas” de la Ciudad de México. A más de 35 años de lo ocurrido, algunas incógnitas aún persisten.

 

Los acontecimientos del 2 de octubre no han podido ser explicados clara y verazmente. El gobierno permaneció en silencio ante un hecho que dejó un número indeterminado de muertos y heridos, y que fracturó gravemente la confianza en los derechos de libre expresión y agrupación de estudiantes y trabajadores.

Algunas visiones conceden crédito a la versión de que lo ocurrido aquella tarde fue consecuencia de un “caos organizado”; la pregunta sigue siendo ¿organizado por quién? ¿desde dónde? Otros permanecen francamente indignados y han insistido en incluir el episodio en los libros de texto como un acontecimiento de la Historia Nacional.

Un aspecto innegable es que el movimiento del 68 en México comenzó a aglutinar fuerzas sociales muy diversas; algunos sectores populares y de la clase media se sumaron a la protesta estudiantil, en busca de un medio de expresión para sus propias inconformidades.

 La experiencia francesa, de unos meses atrás hubiera sido por sí sola causa suficiente para que cualquier gobierno se preocupara en extremo y tratara de controlar la efervescencia. En el caso de México se vivía además una presión extraordinaria, porque el país estaba comprometido como sede de los Juegos Olímpicos. Era sumamente importante sostener una imagen de estabilidad en el medio internacional; y por el contrario, una suerte de ingobernabilidad se vislumbraba en las calles de la capital.

En un intento por retomar los hechos históricos desde las distintas posturas que han generado, se presentan varios testimonios. En primer lugar están las voces de los protagonistas estudiantes e intelectuales que vivieron el periodo. También se cuenta con las declaraciones del gobierno y de los mandos militares que tuvieron que responder ante la situación.

Por otra parte está la voz de los periodistas: Las crónicas publicadas el 3 de octubre, y durante los días posteriores en los principales periódicos del país trataron de revelar lo ocurrido aquella tarde.

La década de los sesenta se caracterizó por ser un  periodo de revolución de los esquemas de pensamiento en el Mundo. Principalmente por lo que se refiere a la población joven, protagonista en todos los conflictos que se generaron en esos años.

 

Los antecedentes inmediatos a esta revolución de valores se encuentran en los movimientos por la paz que desde finales de los años cincuenta recorrieron Europa, particularmente Gran Bretaña y la República Federal Alemana, centrados en la denuncia y la movilización ciudadana contra el peligro de una guerra nuclear; a la vez que en la aparición del tercermundismo.

 

 Por otra parte, la elevación de los niveles de vida y el creciente consumismo asociado al desarrollo de los medios masivos de comunicación, a la par que la generalización de los sistemas educativos con la consiguiente masificación de las universidades, y la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo, transformaron los valores de la sociedad; particularmente de las jóvenes generaciones nacidas después de la Segunda Guerra Mundial.

 

No obstante, a mediados del decenio de los felices sesenta el malestar comenzaba a corroer a determinados sectores de estas sociedades desarrolladas; los jóvenes empezaban a mostrar síntomas de rebeldía.En términos generales el nuevo horizonte cuestionaba los planteamientos lineales de la ideología del progreso; dando lugar a un contexto problemático, cargado de ambigüedades, donde se fundía el malestar de las nuevas generaciones respecto de los valores dominantes.

 

Nuevos actores sociales emergieron al primer plano de la actualidad, los llamados nuevos movimientos sociales: los jóvenes rebeldes, el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, el hippismo, entre otros.Los movimientos sociales del 68 fueron frenados; “fracasaron” en el sentido de que no lograron la sustitución radical del viejo orden. Esto respondió, a juicio de los grupos izquierdistas, a la ausencia de una organización capaz de dirigir el proceso revolucionario, en vista de la falta de acción de la izquierda tradicional

 

Algunas personas que vivieron en carne propia este suceso, comentan al respecto, tal es el caso de Jaime Vázquez, secretario general del PRD, que en ese entonces estudiaba su licenciatura de Historia en la Normal Superior de México, narra que todo fue por un conflicto estudiantil en donde intervino la policía, lo cual fue un error.

Se inició una amplia movilización de los policías para perseguir a los estudiantes; aquéllos entraban a las escuelas como el Politécnico y las Normales. El abuso y persecución contra los estudiantes fue tan evidente que los padres de familia se unieron a sus hijos y empezaron a hacer manifestaciones que demandaban la salida del entonces jefe de la policía, Raúl Cueto.

El ambiente de represión obligó a los jóvenes a participar y verse involucrados también en guerrillas para enfrentarse al gobierno; era el único camino que les quedaba, aunque me parece que la violencia nunca es la solución —señala el maestro Vázquez Barceló.

Recuerdo que todo comenzó en julio (de 1968) y fue creciendo. Me acuerdo de una de las más grandes manifestaciones, que fue el 27 de agosto, cuando se tomó el Zócalo. Se exigía también la libertad de los presos políticos.

 

Agregó que quienes estaban involucrados en el movimiento estudiantil del 68 sentían enojo e impotencia ante la soberbia del gobierno que no hacía nada ante lo ocurrido y que nunca buscó conciliar intereses.

La razón que impulsó a los estudiantes a manifestarse contra el gobierno —explica Jaime Vázquez— es que “la clase más libre es la de los estudiantes, porque son personas que no tienen compromisos con nadie, son libres pensadores que exigen sus derechos porque no tienen empleos que puedan perder”.

En la actualidad, este México se ha convertido en un país violento donde las ejecuciones son cotidianas en distintas regiones de la República.

En la medida en que los noticieros se pintan de rojo todos los días, en que aparecen diez ejecutados o mas por día en cualquier parte de la republica mexicana, no hay la menor duda de que la sociedad percibe una violencia generalizada. Levantados, torturados, encajuelados, encobijados y decapitados se han convertido en lenguaje cotidiano de los espacios informativos. Por toda la República aparecen ejecutados que parecerían contener, siguiendo al secretario de Seguridad Pública, un mensaje calculado: aterrorizar a la sociedad para que ésta se asuste y el gobierno se sienta forzado a bajarle a la lucha en contra del crimen organizado. Si este es el caso, los grupos delictivos mexicanos estarían operando de la misma forma que Al-Qaeda, Hezbolá o la ETA: sembrando terror para defender sus intereses.

 

 

 

 

 

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