Voces fugitivasRastros de la migración indígena mexicana: los pueblos fantasmas
Voces futigivas
“Mi esposo salió de la región mixteca de Parían, Oaxaca hacia el Distrito Federal porque ya no había trabajo, antes con la estación del ferrocarril había mucha vendimia, pero como entró la carretera todo se acabó”, explica con una sonrisa y unos ojos brillantes Concepción Soto Fuentes de 84 años, recuerda a Parían como “un pueblo muy bonito, con la vía del ferrocarril, la iglesia en el cerro, las casas de adobe y las luciérnagas”.
Actualmente sólo quedan 25 personas, la mayoría mujeres y ancianos, doña Concepción señala que solo hay una escuela, a la que va un niño de 8 años y otro de 10. El pueblo logra verse vivo cuando es la fiesta del señor San Antonio el 13 de junio, “nos escogen como padrinos del santito, cuando existía el ferrocarril llegaba pitando al pueblo y hasta la banda nos iba a recibir, era tan bonito caminar en el tren, vendían tlayudas, quesadillas, mezcal, tamales, bastantes cosas, era muy bonito”.
Aunque radica en el Distrito Federal, doña Concepción ha logrado transmitir a sus hijos el amor por las tradiciones, desde hace 30 años participa en el concurso de ofrendas de día de muertos que se realiza en el zócalo capitalino, la ofrenda estilo Oaxaca de Doña Concepción ha ganado año tras año, el 2008 no fue la excepción.
Sobre el futuro afirma que Parían va a desaparecer, “todos se van al distrito federal o a Estados Unidos, dejan a sus madres pero después regresan por ellas”.
El caso de Parían es un patrón a seguir, diferentes comunidades indígenas del país se convierten en “pueblos fantasma” ante los altos índices de migración registrados en los últimos años. México tiene poco más de 103 millones de habitantes, 6 de cada 100 hablan alguna lengua indígena de las 62 que existen, según datos del INEGI de 2005.
De los 803 municipios indígenas del país, un 43 por ciento registra una intensa actividad migratoria, de acuerdo con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), 80.4 por ciento de los municipios con esta población sufre un alto grado de marginación.
La Organización Internacional para la Migración (OIT) puntea que cerca de 450 mil indocumentados mexicanos entran a Estados Unidos cada año. Entre 1990 y el año 2000, cerca de 400 mil indígenas salieron de sus comunidades a Estados Unidos.
El INEGI ha identificado al Estado de México y al Distrito Federal como los sitios que generan o reciben los flujos migratorios de mayor magnitud. Más de 400 mil mexiquenses residen actualmente en Estados Unidos.
Pueblos fantasmas, etnias en peligro de extinción
La Organización Internacional para las Migraciones, señala que el éxodo de indígenas está provocando el despoblamiento de comunidades en 600 de los 2 445 municipios del país.
El Banco Mundial alertó en abril de 2007, que México se ha convertido en el mayor expulsor de trabajadores migrantes del planeta, al asegurar que entre 2000 y 2005 dejaron su territorio 2 millones de personas para buscar empleo en Estados Unidos.
Las etnias que presentan el índice más alto de emigración son aquellas donde hay un menor número de hablantes de lenguas indígenas. Los primeros 10 estados de atracción de indígenas migrantes son el Distrito Federal, Veracruz, Estado de México, Sinaloa, Campeche, Baja California, Tamaulipas, Jalisco y Tabasco.
“Se están dando los pueblos fantasma donde nada mas quedan los ancianos, muchísimas lenguas se han acabado. Para contrarrestarlo el gobierno va a las comunidades y trata de rescatar las lenguas documentándolas por escrito. El que muera una cosmovisión es de mucha importancia, se comparara como los animales en extinción, se rompe la cadena, esos ecosistemas”, señala Lourdes Pacheco, catedrática de la Universidad Iberoamericana (UIA).
Los 10 grupos indígenas cuyos miembros emigran con mayor frecuencia son zapotecos de Oaxaca (76901); mixtecos de Oaxaca, Guerreo y Puebla (87 057); mazatecos de Oaxaca (25620); otomíes en Hidalgo, Estado de México, Puebla y Veracruz (26 801); Nahuas de Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Veracruz y San Luis Potosí (20 606); chinantecos de Oaxaca (25 620); Kanjobales (17 404); totonacas de Veracruz (16 548) y mazahuas del Estado de México (14 155).
Marjorie Tacker, Delegada del Estado de México de la CDI, resalta que en la parte norte de ese estado no se registra el problema de los pueblos fantasma aunque si hay un alto índice de migración hacia Estados Unidos, sobre todo en los municipios otomíes de Aculco y Acambay. “El Estado de México es rico en cuanto a recursos naturales, hay autosuficiencia alimenticia y el acceso a las comunidades es fácil, en cambio en Oaxaca las tierras son secas”.
Elia de la Cruz Guadalupe es originaria de Entabila II sección, una comunidad otomí del municipio de Temoaya. Todos los días viaja a Toluca para vender las artesanías de hoja de maíz que elabora junto con su familia. Está consciente de la crisis que enfrenta su lengua y su forma de vestir, “toda mi familia habla otomí, pero los jóvenes que dicen estarse civilizando, ya no lo saben hablar”.
Refiere que para ellos no hay necesidad de migrar a Estados Unidos, “aquí hay trabajo, la mayoría se dedica al comercio, hay manantiales y buena tierra, eso sí hace mucho frío”. Enfrentan otro tipo de problemas, “nosotros quisiéramos que nuestro producto se conociera o por lo menos que nos dieran permiso vender, luego vienen los de gobernación y nos quitan las cosas, además de que la gente prefiere lo chino a lo nuestro”, señala Elia.
Origen de la migración indígena
La migración indígena no es nueva en México, data desde la Colonia, las normas de congregación de la Corona española reubicaron de manera forzada a grupos indígenas enteros.
La publicación sobre la migración indígena en México del Instituto Nacional Indigenista, señala que está ligada al proceso de industrialización que se dio en el país a partir de los años 40 cuando se registraron los primeros desplazamientos de mazahuas al Distrito Federal, favorecidos por la construcción de carreteras entre ambos puntos. El incesante crecimiento demográfico de los años siguientes redujo aún más el aprovechamiento de las tierras, en 1990 se registró el más bajo nivel de repartición, una hectárea por agricultor.
La migración indígena hacia Estados Unidos es más reciente, está ligada al Tratado de Libre Comercio con América del Norte y al Programa Bracero, que implicó la incorporación de mano de obra indígena en los campos agrícolas del centro, norte y noreste del país.
“Se debe a que hemos llegado a la frontera con sus tierras, para ellos la tierra es un ente, es algo vivo y sagrado, en el momento en que los hemos ido despojando, ellos han tenido que dejar sus tierras para poder sobrevivir, esto no ha implicado el que hayan dejado atrás sus tradiciones, usos y costumbres, porque es gente que regresa a sus raíces y se sienten bien, es esa fuerza que lo jala hacia lo que es la tierra”, señala la catedrática de la UIA.
Lo que al comienzo fue una actividad imperiosa de obtener ingresos adicionales con el tiempo se transformó en costumbre y desde entonces las familias indígenas complementan sus labores del campo con las actividades migratorias. Los mazahuas y otomíes de esta región trabajan su propia parcela durante la tercera parte del año. Las dos terceras partes restantes las dedican a cubrir los ciclos migratorios de sus viajes a los centros urbanos.
El fuerte arraigo de estas personas por sus tierras, su gente y su cultura les ha proporcionado armas valiosas para defender sus tradiciones. Los mixtecos de Oaxaca que radican en Estados Unidos equivalen al 80 por ciento de la población que aún radica en los nueve distritos mixtecos de Oaxaca, que asciende a 556 mil 250 personas. La población del exterior ha creado organizaciones que los apoyan para mantenerse en contacto con sus comunidades de origen.
Migración indígena: ¿pérdida cultural?
La migración no sólo genera remesas, sino también desintegración familiar, enfermedades de diferentes tipos e impactos sociales en las comunidades de origen por la irrupción de patrones culturales diversos en los usos y costumbres de las comunidades indígenas, puntea la CDI.
“La mayor repercusión es la pérdida de la riqueza cultural, estamos en un país multicultural y multiétnico, cada una de estas etnias tiene un valor especifico, si dejamos que vaya muriendo la etnia, dejaremos de tener ese compartir cultural que nos hace diferentes, la cantidad de etnias que tenemos, lejos de ser un problema es desde donde se construye la identidad del mexicano”, afirma Lourdes Pacheco.
Elvira Valdés, es originaria de Mextepec, una población indígena del Estado de México llena de tradiciones y costumbres. Tiene menos de 10 mil habitantes, la mayoría son mujeres, niños y ancianos, estos últimos son los que preservan la lengua indígena, las demás generaciones no se han interesado por aprenderla. Desde hace 30 años es ya costumbre para los jóvenes terminar la secundaria, juntar 35 mil pesos e irse a trabajar a Estados Unidos.
“Antes de la migración todo el camino era de terracería, las casas de adobe ahora ya son de tabique, dejaron el metate por la licuadora”.
Su padre regresó de EU hace dos años debido a las condiciones tan precarias que pasó en ese país, “se gana dinero a costa de trabajar día y noche y de tener más de 2 empleos, mi padre trabajaba en un restaurante de comida china como lava trastes, se bañaba con agua fría a las 5 de la mañana porque el restaurante tenía que abrir a las 7, además, entre ellos no se ayudan, envidian al que tiene más trabajos”. Elvira señala que sus primos y su tío emigraron desde hace tiempo, su tío ya es chef y viene a México sólo en vacaciones. Refiere que cuando ellos regresan a su pueblo ya no les gusta estar ahí, “dicen que hay mucho polvo y ya no se adaptan a vivir ahí”.
“Su fuerza de identidad ha sido la tierra, ellos reproducen su terruño en otro lugar, el constante repetir de miles de años de los ritos, los llevan a reproducir ese modelo en cualquier lugar donde se encuentren, no es el mismo mixteco el de Nueva York que el que vive en Oaxaca. Se está gestando un nuevo fenómeno que apenas se está estudiando, en Europa se está notando que la tercera generación regresa a sus raíces, es my probable que también se dé con nuestros indígenas, aunque debemos tomar reservas, regresan a hacer sus casas pero ya tienen un estilo californiano, otras cosas como la mayordomía, el tequio, se siguen reproduciendo, la identidad va cambiando”, narra Lourdes Pacheco.
Marjorie Tacker, apunta que el asunto de la pérdida de la identidad es complicado “depende de la edad y situación en la que se van, las generaciones que nacen en Estados Unidos ya no sienten pertenencia hacia su pueblo originario, ya aprendieron a hablar en inglés, a ganar por hora en dólares. Otros resignifican su identidad, vuelven a vestirse con su ropa mazahua y a hacer tortillas, tienen la intención de volver a hablar su lengua preguntándole a los abuelos, como el caso de los estudiantes de la Universidad Intercultural de San Felipe del Progreso en el Estado de México”.
De noviembre a febrero es cuando regresan los migrantes, “se ve en las calles la gran cantidad de placas americanas. No son de aquí ni de allá, resulta convertirse en un problema psicológico”.
Momento de de hacer justicia social
“No es válido querer que el otro viva según las expectativas que yo tengo de él, es hasta romántico para nosotros que las comunidades indígenas sigan viviendo en ciertas condiciones. El rico va a tener a quien darle lo que le sobra, el rico va a querer tener la exclusividad del pobre, va a buscar el poder descargar sus culpas”, relata Lourdes Pacheco.
“Lo más importante es permitirle al otro tomar en sus manos su proyecto de vida, si él decide introducirse al mundo occidental, es libre, lo más terrible es que no estamos dando las mismas oportunidades a todos”, apunta la catedrática.
La Secretaría de Relaciones Exteriores tiene determinado que en las cárceles de la Unión Americana hay alrededor de 200 mil migrantes mexicanos, de los cuales unos 20 mil son indígenas.
De acuerdo con la CDI, existen oficialmente al menos 10 mil indígenas presos en las cárceles del país, la mayoría de ellos involucrados en delitos del orden federal, principalmente por la siembra de estupefacientes.
“En las regiones fronterizas muchos indígenas tratan de cruzar las líneas y los que no lo hacen se quedan en ciudades como Tijuana y Ciudad Juárez, donde son engañados por bandas delincuenciales para enrolarlos en el tráfico de drogas”, señala el presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados, Marcos Matías Alonso,
Las autoridades en México minimizan el fenómeno y, lejos de buscar una solución, muestran desinterés.
“Es un asunto de derechos humanos, que cada quien decida como quiere crecer, como quiere vivir dignamente, el que ellos puedan, lo que se llama autodeterminación, elegir dentro de su comunidad lo que les dará los mejores conocimientos, no en la homogeneidad. No sólo somos sujetos de derechos y obligaciones, somos lo que construimos y hacemos las leyes en libertad, mientras las leyes se adecuen a una realidad tendremos leyes más justas, ya es el momento de ir convergiendo, leyes con justicia”.
El resultado de un gobierno asistencialista: el Valle del Mezquital
Lourdes Pacheco refiere que en el Valle del mezquital ha conocido familias enteras que en un principio el padre se va a Estados Unidos, a los 2 años el hijo mayor, e incluso las mujeres se han ido.
La principal causa de migración es la pobreza, es una zona semidesértica, donde no hay empleo y nada para sembrar, han tenido que estirar la mano, “ha sido un asistencialismo terrible que provoca confusión entre ellos mismos, en rechazar todo lo indígena para poder pertenecer al otro mundo para ser reconocido, sin embargo varias de estas personas que en 1991 se fueron ya regresaron. Se fueron a hacer dinero pero las condiciones en las que vivieron fueron terribles, todos los del Valle del mezquital estaban en 3 cuartitos, pero se dedicaron exclusivamente a hacer dinero, el modelo de la comida lo reprodujeron intensamente, regresaron por la necesidad de continuar con sus raíces”.
Muchos de ellos regresan con otra familia, dejando hijos en México, “es una promiscuidad donde se vive con tres mujeres, no sé cómo evolucionen estas relaciones, pero las están aceptando. Regresan porque su mujer les hace tortillas, atole, siguen con ese machismo, no llegaron a romper totalmente con todas las vivencias, tenemos que esperar, es un fenómeno que se está dando tenemos que dejar pasar un tiempo”.
Principal causa: pobreza
Son factores de pobreza los que han orillado a los indígenas a buscar nuevas oportunidades pero no ha sido la panacea la que han encontrado ahí, ya empezamos a ver los primeros que regresan.
Al llegar a sus antiguas comunidades, hay cambios en cuanto a conceptos de acumulación, de riqueza, sin embargo siguen sin tener cambios en lo esencial, ver la naturaleza como un todo, la vida no fraccionada, el concepto de comunidad.
No los hemos sabido reconocer como diferentes y darles un trato justo. Por eso pugnamos por caminar por los derechos humanos, mayor justicia social, la inequidad es muy fuerte en el país, pero lo sigo siendo una enorme riqueza, lo que se puede aprender de ellos y como ellos están dispuesto a escuchar pero depende de la actitud.
Hasta hoy ha existido una política de etnocidio, se ha buscado tener un país homogéneo. Dentro del marco jurídico no se reconoce a los indígenas con una personalidad jurídica, es un proceso histórico que data desde la llegada de los españoles, en el siglo XIX se suprime la palabra indio y se nivela a toda la población dependiendo de su estatus económico. “Ha sido un perjuicio a los indígenas y a todos los habitantes, no tenemos los mismos modelos de aprendizaje, todo responde a intereses políticos y económicos muy fuertes que no han permitido que se pueda dar un reconocimiento al que es diferente, ha provocado una alta discriminación hacia los indígenas”, describe Lourdes Pacheco.
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