Por un periodismo RRResponsable
Las primeras páginas de cualquier libro pueden resultarme muy aburridas. Desde la página que tiene escrito únicamente el título del texto, me paso varios minutos viéndola y releyéndola, pensando si será fácil y rápido de leer, si captará mi atención lo suficiente para que no se vuelva un esfuerzo sobrehumano el cambiar de página. En el caso de Raval, de Arcadi Espada, cuando llegué a la página 15 o 20 empecé a preguntarme quién es ese Arcadi que dedica un libro a recopilar los dichos de varios periódicos y fuentes policíacas solo para criticarlos. Entonces recordé que la presente crítica debía incluir información acerca del autor, así que cuando pude hacer una pausa a las críticas de Arcadi, revisé algo de su historia.
Periodista español, 51 años, destacado por sus críticas a las diferentes formas de escritura periodística, en especial aquellas en las que se abusa de la “contaminación ideológica” y “traición a la objetividad”. Ya entrada en la enumeración de controversias provocadas por Espada hubo un caso que llamó mi atención. Aquel en el que critica la fotografía del premio Pulitzer, Javier Bauluz, donde aparecen unos bañistas, al parecer indiferentes ante la presencia de un inmigrante muerto en la playa, que se utilizó para denunciar la “hipocresía de Occidente”.
Arcadi sostuvo que la imagen fue capturada en un ángulo que impedía ver al personal encargado de atender al cadáver y con un modo de captura que hacía parecer a la pareja con mayor proximidad al inmigrante. Bauluz y testigos acusaron a Espada de no tener pruebas.
Todo esto aunado a la actividad profesional de Arcadi, como colaborador en varias publicaciones importantes como La Vanguardia, El País y actualmente El Mundo, ya me decía de sus luchas periodísticas que, durante el proceso de mi lectura de Raval, hicieron que me cayeron algunos veintes.
El más importante: el poder del periodismo, o mejor dicho, del periodista, porque no ha de vérsele como una entidad divina e irremediable, sino que tiene nombre y apellido. Es el periodista quien estudia, investiga (eso quiero suponer), selecciona y redacta las notas que darán voz al medio para el que trabaja. Como todo puesto de poder trae consigo una fuerte responsabilidad, Arcadi se encarga de recordárnoslo a todos; periodistas, estudiantes de Comunicación y resto del mundo. Nos lo recuerda con verdaderos ejemplos de las barbaridades publicadas que pudieron incluso llevar gente inocente a la cárcel, como nos cuenta con este relato de los hechos y los dichos acerca de la “red de pederastas del Raval”.
Conforme cuenta horas, fechas, testimonios y encabezados de prensa, desmenuza cada parte y versión de la historia.
A fin de cuentas sabemos que a quienes se les acusó de sospechosos y posteriormente fueron condenados culpables, en realidad eran inocentes. Y efectivamente, “todo parecía indicar” su culpabilidad, tanto en los diarios como en los oficios de la policía.
El autor señala punto por punto las notas publicadas al respecto del Raval con información no confirmada, error que simplemente no puede entenderse en un periodista, pues es a él a quien se le exige y se le confía ese trabajo. Quisiera hacer énfasis en este punto. La empresa para la que escribe y sus lectores tienen cierta confianza en lo que el periodista afirme y niegue. Este mal manejo de la información se debe a la flojera de no ocuparse por checar que la información potencialmente publicable sea verídica. En lo personal, me sacudió cómo en el libro se exhiben estas omisiones que no son cualquier cosa ya que costaron la libertad de varias personas y me hace pensar cuántas noticias no habremos leído o escuchado con estas características sin saberlo, porque claramente no es un fenómeno en España, sino un fenómeno del periodismo.
Espada detalla algunas de estas decisiones periodísticas con un tono irónico, que logra ponerle el saco a más de una noticia actual. Arcadi explica que ciertos medios tienden a tomar lo que otros ya dijeron al respecto de cierto tema y repetirlo y repetirlo. Su crítica a la remediación que hacen de sí mismos los medios me recuerda el reciente caso del atentado en Morelia, Michoacán. Hace un poco más de una semana leí en la versión online de El Universal una nota acerca de la postura de la asociación Iluminemos México, en a que repudian el atentado en Morelia, e invitaban a que, a pesar de todo, la sociedad siga en pie por tener un México más seguro. La fuente: Notimex. Entonces quise buscar para ver si había otros medios que informaran acerca de la postura de Iluminemos México al respecto y para mi sorpresa, la misma nota se encontraba en distintos medios (Reforma.com, Noticias Terra, W Radio) exactamente con las mismas palabras, aunque algunos se la atribuían a Notimex y otros no. Me parece que no es suficiente con recibir cierta información, sino que obligadamente hay que comprobarla y en todo caso, publicarla con el respectivo crédito para quien los merezca. Sin embargo, esto que noté no es tan grave como el hecho de encarcelar inocentes a causa de la información no confirmada y la publicación de la misma sin más miramientos, pero sí es igual de importante.
Otro aspecto que me llamó la atención con respecto al estilo de Arcadi Espada fue que casi no usa adjetivos a menos que sea necesario, por ejemplo, para crear el tono irónico del que comenté anteriormente. Esto también es parte de no dejarse llevar por la historia e ideologías propias. Si bien es cierto que la objetividad 100% no existe, y que todo individuo tiene una carga de creencias, de las que no puede deshacerse, con posibilidad de infiltrarse en su quehacer periodístico, entonces, entre mayor conciencia tenga el periodista de estás infiltraciones, podrá tener un mayor acercamiento a la objetividad.
Como estudiante, puedo entender la trascendencia que tiene el correcto y honesto ejercicio del periodismo, aunque sin ser el aspecto de la comunicación que más me apasiona, permea en todos los demás y la responsabilidad TIENE que tomarse, o mejor dedicarse a otra cosa.
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