Terrorismo en México

Los atentados del 15  de septiembre en Morelia no se dieron por casualidad sino más bien por causalidad. La capital michoacana es parte de los municipios considerados “altamente sensibles” por la presencia del narcotráfico.

Una serie de hechos que tanto el Estado y la sociedad han permitido genera el clima de violencia actual, el atentado representa la lucha de la delincuencia en el territorio mexicano, la indiferencia, el odio, “es lo que nos tiene agarrados a todos hoy día; es lo que alienta el terrorismo. Hemos llegado a un punto en que a la gente no le importa inmolarse entre muchedumbres cada día. Eso es el odio, y la reacción también es odio”. Así se expresa el periodista Jon Lee Anderson respecto a la situación de violencia en el mundo en una entrevista realizada por el periódico español El País.

El rector de la  Universidad de las Américas, afirma que el conflicto radica en que México ha dejado de ser un país productor y distribuidor de drogas, y se ha convertido en un país consumidor, el narcomenudeo ha vuelto a escuelas y diferentes regiones del país en mercados altamente redituables. Narcotraficantes, funcionarios y policías participan dentro de ésta red de corrupción y los enfrentamientos entre ellos se hacen cada vez más evidentes.

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La Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) tiene como una línea de investigación los atentados del 15 de septiembre, se busca verificar si los sicarios que lanzaron la granada actuaron por incumplimiento de pactos de funcionarios con grupos del crimen organizado, aparentemente los ataques pretendían atacar al gobernador Leonel Godoy, quien anteriormente había recibido amenazas de muerte. Las indagaciones buscan antecedentes sobre posibles inversiones de grupos delictivos en campañas políticas de agosto a noviembre del 2007.

Según el informe de El Universal al menos en una veintena de municipios existía una red de protección política y policíaca a “La Familia”, que probablemente involucra a alcaldes estatales,  los estados del Norte del país son un foco rojo.

Las investigaciones del procurador Eduardo Medina Mora señalan la fractura del grupo criminal “La Familia”. Una de las facciones, vinculada con Los Zetas, realizó el atentado en represalia por el rompimiento de acuerdos políticos con autoridades locales. La segunda hipótesis va encaminada a que otro bando, que tiene su asiento en Apatzingán, arrojó las granadas para “calentarle” la plaza a otra parte de “La Familia”. De ser así, la represalia podría llegar en los próximos días en contra de sicarios de la facción Familia-Zetas.

Un elemento importante a considerar es la forma en la que se perpetró el ataque, había policías vestidos de civiles para procurar la seguridad, los delincuentes se vistieron de policías para romper con ella. Es una burla que confirma la corrupción en los cuerpos de seguridad. La SIEDO determinará dónde estaba cada oficial al momento del ataque, con el fin de explicar cómo actuó cada uno de ellos durante y después de los atentados.

Al parecer la sociedad no culpa al Estado (Felipe Calderón) de los atentados, según un sondeo entregado al que fuera secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, la ciudadanía culpa a los grupos criminales ligados al  tráfico de drogas.

Los grandes capos de la droga y los líderes de la delincuencia organizada no se hacen de la noche a la mañana, empiezan por crímenes muchos menores, es necesario atacar el problema de forma estructural, haciendo que la sociedad se aleje del estado de indeferencia y simple indignación, para ser una sociedad activa, indagadora. Mientras sigamos en ese estado las granadas del 15 de septiembre se expandirán al resto del país en forma de miedo.

              

             

 

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